La mayoría de las enfermedades que afectan al ritmo cardiaco son tratadas con fármacos y/o con procedimientos practicados con un catéter a través de una vena o arteria femoral. Sin embargo hay un grupo de las mismas que son tratadas con una intervención quirúrgica, como son:

Bradiarritmias (arritmias lentas):
Hablamos de ellas cuando el corazón late demasiado despacio (pocos latidos por minuto) para impulsar la sangre necesaria para el organismo. Podemos hacer que el corazón lata con una pequeña descarga eléctrica en su interior. Un marcapasos es un aparato que lanza estas pequeñas descargas al ritmo adecuado cuando detecta que el corazón va demasiado despacio. Según el tipo de arritmia que el paciente presente, se implantarán marcapasos con un solo cable o dos cables (electrodos). Estas intervenciones se practican en la mayoría de ocasiones bajo anestesia local.

Taquiarritmias
(arritmias rápidas):
Es el caso contrario al anterior, cuando el corazón late de una forma excepcionalmente rápida. Esto suele tener dos consecuencias: la primera que el corazón no puede obtener su máximo rendimiento y la segunda, que el corazón puede estimularse de una forma tan rápida y desordenada que no llega a desarrollar una verdadera contracción (fibrilación ventricular), lo que equivale a una parada cardíaca y puede desembocar en la muerte del paciente.

Habitualmente las taquiarritmias no severas se tratan con fármacos que evitan que la frecuencia cardíaca se eleve excesivamente, pero existen ciertas enfermedades que tienen alto riesgo de presentar taquiarritmias severas (p.e síndrome de Brugada, síndrome de QT largo, etc).
En estos casos la intervención quirúrgica consiste en la implantación de un desfibrilador automático implantable (DAI) que funcionará detectando la taquiarritmia cuando ésta se produzca y eliminándola mediante un choque eléctrico más intenso que genera el mismo aparato, deteniéndola. La intervención se suele realizar con una anestesia general “ligera” o con anestesia local. El DAI es muy parecido a un marcapasos, aunque algo más voluminoso y con más funciones.

Ablación quirúrgica de la fibrilación auricular
La fibrilación auricular es un ritmo cardiaco distinto al natural, con el que nacemos, que se llama ritmo sinusal.
La diferencia entre ambos es que en la fibrilación auricular el ritmo es desordenado, es decir que no transcurre el mismo tiempo entre latido y latido, como ocurre en el ritmo sinusal. La consecuencia de ella es que el rendimiento del corazón es menor que si estuviera en ritmo sinusal, además de exponer al paciente a otros peligros que no tiene el ritmo sinusal.
La intervención que se practica es la llamada ablación de la fibrilación auricular y hasta ahora se puede aplicar a pacientes que tienen que intervenirse por otras causas (generalmente enfermedad de la válvula mitral). El procedimiento consiste en aplicar una fuente de energía a ciertas zonas del corazón “por dentro”, es decir con el corazón parado y abierto. Esta fuente de energía puede ser radiofrecuencia o microondas. Con ella se consigue recuperar el ritmo sinusal en un alto porcentaje de casos.

Ligadura de la orejuela izquierda en la fibrilación auricular
La fibrilación auricular tiene la embolia como principal complicación. Un embolismo o embolia es la obstrucción de una arteria del cuerpo por un coágulo que se desprende dentro de la circulación sanguínea. La fibrilación aumenta mucho el riesgo de formación de estos émbolos, especialmente en una parte del corazón que se llama orejuela auricular izquierda. Para evitar que estos embolos se formen, se suele anticoagular al paciente con anticoagulantes orales (Sintron o Aldocumar).
Podemos evitar la necesidad de anticoagulantes orales mediante el cierre o ligadura de la orejuela auricular izquierda, que se puede hacer muy fácilmente mediante cirugía, coincidiendo con otras necesidades de cirugía. El cierre o ligadura de la orejuela también puede hacerse como procedimiento aislado mediante toracoscopia.
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